jueves, 9 de diciembre de 2010

Canción inexistente para el hijo que no tengo

En un círculo de calor te canto, hijo de mis entrañas
tu madre es un pez de plata que mancha sus dedos de polvo.
Tu madre está callada y quieta. Oculta.

No bebas de mí que sólo me fluye una leche amarga,
una tristeza negra que aletarga y entumece.
Yo te amo, hijo mío pero he de sepultarte,
dejar tu cuerpo hermoso y blando sembrado bajo un árbol.
Tu cuerpo que no llora ni se mueve. Caliente aún.

La luz es dorada y mi voz fría y plomiza nos envuelve.
Te he de cantar la canción más bella y dolorosa
que me salga de este cuerpo torpe y sucio.
Este cuerpo que es una mancha de hollín en tu hermosa cabeza.

Sin querer, hijo mío, al tenerte entre mis brazos te he envenenado.
Mi voz se te metió dentro y te crece ya como un cáncer.
Hijo que concebí en soledad, entre cigarros y pies fríos,
hijo de mi tristeza y de mis manos, te he de enterrar.

Contrajiste mi enfermedad con mi canto, con mi leche
con el cruel cordón que nos unía y ahora morirás.
Morirás y no podré más que sembrarte,
sembrarte y esperar a que brotes
vuelto un ciprés enfermo, un ciprés triste.

Mientras prolongaré mi canto para prolongar tu muerte,
para quedarme siempre con tu cuerpo diminuto entre mis brazos.
Sentiré frío y sabré que es hora de irme.

Con las manos, con las uñas voy a cavarte una tumba, hijo mío
y desde ahí, desde dentro recordarás mi vientre
y crecerás como un ciprés largo y gris.
Un ciprés envenenado que sufrirá plagas
y al que vendré a cantarle.

Me sentaré a tu sombra y te cantaré las canciones más hermosas
que aún no existen, que inventaré para ti.
Tus hermanos irán conmigo y, durmiendo en mi regazo, morirán.
Tendré también que sembrarlos.

A tu lado, hijito mío, crecerá un bosque de cipreses grises y plagados.
Sus enfermas hojas, con el viento reproducirán
las canciones inexistentes que les canto.
E iré a mi bosque de hijos a escucharlos cantar mi propia elegía.

Rito mortuorio

miércoles, 17 de noviembre de 2010


Rito mortuorio. (Muerte chiquita)
La tumba es todavía un sexo de mujer que atrae al hombre
César Vallejo

La cama tiene mucho de tumba,
de huesos que chocan
y se erosionan.
Pieles que se deshacen
en otras pieles,
el ataúd es una pijama de madera.

Follar es un rito mortuorio:
en la fosa común,
un cuerpo se arroja sobre otro

Y en común los cuerpos bailan.

Desiertos

sábado, 30 de octubre de 2010

I
Me habitan dos desiertos.
La arena abierta, el cielo raso.
Mi cuerpo, hecho de peces
marca camino entre las dunas.

Encabezo la caravana,
sin perderme siquiera
en la sorda luz del horizonte,
soy una brújula, un compás;
los peces nadan entre la arena,
que hierve y burbujea.
Arena en ebullición,
que abraza
y que no quema,
que no duele.
Camino a pies desnudos.

Aquí, el sol está siempre en el cenit.

II
Y está el otro,
el desierto nocturno;
las tormentas de arena,
los remolinos,
vísceras enredadas
en mis manos.

Y yo, compás imantado,
camino en la noche errática,
en el pleonasmo frío, azul:
la torpe repetición de un círculo.

Todo es sombra y es desierto.
La arena que erosiona,
los peces descarnados
moviéndose aún:
en su interior
hormigas comen sus entrañas.

Acá, ya sólo se hace de noche.

Me habitan dos desiertos
que se extienden -infinitos-
que no se tocarán nunca.

miércoles, 9 de junio de 2010

Un hombre le escribe un poema de amor a una mujer. La mujer lo lee y se encariña con el hombre.
...
...
...
...
...
...
...
Pasan 5 años. Ya no están juntos.
La mujer encuentra el poema y lo lee totalmente drogada. Siente extrañamiento porque a pesar de que conoce a la perfección al autor, siente que ya no lo conoce.

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Las costumbres perdidas

martes, 30 de junio de 2009

No es que me moleste, es tan sólo como si ya no me quedara, como si tratara de ponerme nuevamente el uniforme usado en la primaria. Hay costumbres que vamos perdiendo, se van quedando, enterradas, en las zanjas de la causalidad. Cuatro personas conviviendo ad infinitum me parece tan complicado, tan ajeno: una costumbre perdida, que se me cayó del cuerpo como una piel vieja que necesitara mudar. Ellos lo entienden y entonces se vuelve más evidente que esa piel cuarteada ya no me pertenece.

No es la tristeza, es la certidumbre. El domus ha cambiado de lugar, ya no se divide en dos. En el domus ya sólo hay espacio para mí y para el humo de mis cigarros. Igual podría hacer un pequeño lugar para alguien más.

Sonando: "To Talk to You" con PJ Harvey

Perdón

sábado, 20 de junio de 2009

Estaba pasando las cosas de mi vieja y mi viejísima cartera a mi súper viejisisísima cartera renovada y, en alguna de las tres, me encontré un par de notas tuyas en papelitos amarillos. Me acordé de las tardes lluviosas, de mis pies descalzos sobre tu silla, de mis dos tomos de la obra de Pablo Neruda y las lecturas aleatorias de la Residencia en la tierra, de como ponías música y nos quedábamos quietos, como siendo testigos de algo maravilloso e irrepetible. De cómo esperábamos deshaciéndonos de ganas que se desgranara el cielo para salir a la lluvia y regresar temblando de frío a ponernos la pijama y ver una película, de tu cama individual que nos hacía dormir pegaditos. Tal vez no te lo dije, tal vez me pareció cínico decírtelo: fui ridícula y absurdamente feliz contigo.

Hay algo en tu recuerdo que me duele quieta y constantemente, algo que no puedo quitarme de la cabeza, que me acosa. Siento que me quedé con tus tripas enrolladas en mis manos, que fui como una niña pequeña y torpe que no supo como había que cuidarte, espero que me perdones.

Permíteme aquí una adaptación: debiste haber llegado 5 años antes o 5 años después, pero llegaste en el momento exacto.

Manía

martes, 9 de junio de 2009

Tengo la manía de arrancarme las costras justo cuando están por sanar. Mientras más duela mejor. Estoy asqueada